El robo de identidad es el uso de los datos personales de otra persona —nombre, documento de identidad, datos bancarios, cuentas en línea— para cometer fraudes u otros delitos en su nombre.
Cómo se produce el robo de identidad
Los delincuentes reúnen datos personales de muchas fuentes:
- filtraciones de bases de datos de empresas, vendidas o publicadas en foros de la dark web;
- webs y llamadas de phishing que piden datos del DNI, de la tarjeta o de acceso;
- infostealers que copian contraseñas guardadas, cookies y documentos de equipos infectados;
- correo robado, documentos perdidos y exceso de información en redes sociales.
Con esos datos abren cuentas y tarjetas de crédito, piden préstamos, presentan declaraciones de impuestos falsas, dan de alta empresas o líneas móviles, se apoderan de cuentas en línea y lanzan nuevos ataques de ingeniería social contra los contactos de la víctima. Con el SIM swapping —convencer al operador de pasar el número de la víctima a una nueva SIM— interceptan además las contraseñas de un solo uso.
Por qué es importante
El robo de identidad es uno de los fraudes más denunciados: solo en EE. UU., la FTC recibe alrededor de un millón de denuncias al año. Las víctimas se enfrentan a deudas ajenas, un historial crediticio dañado y meses de trámites, y a menudo descubren el fraude cuando llama una agencia de recobro. Los documentos generados con IA y los deepfakes complican la verificación de identidad para bancos y servicios.
Cómo protegerse
- Usar contraseñas únicas y autenticación multifactor en el correo, la banca y los servicios públicos.
- Revisar los movimientos bancarios y consultar periódicamente los ficheros de solvencia.
- Configurar con el operador móvil una clave o una protección contra duplicados de SIM.
- Entregar copias del documento de identidad solo cuando sea necesario y avisar pronto al banco y a la policía ante cualquier sospecha.