CTEM: la nueva frontera en gestión continua de exposición a amenazas

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Un estudio de mercado de 2026, basado en entrevistas con 128 responsables de seguridad corporativa, revela una brecha clara entre organizaciones que han adoptado Continuous Threat Exposure Management (CTEM) y aquellas que aún dependen de modelos tradicionales de gestión de vulnerabilidades. Las compañías con programas CTEM maduros logran un 50% más de visibilidad sobre su superficie de ataque, un incremento de 23 puntos porcentuales en la adopción efectiva de controles de seguridad y una madurez superior en inteligencia de amenazas en todas las dimensiones evaluadas.

Perfil de los encuestados y brecha de adopción de CTEM

La muestra del estudio se compone mayoritariamente de perfiles sénior: el 85% de los participantes ocupa cargos de Manager o superiores, y el 66% pertenece a organizaciones con más de 5.000 empleados. Los sectores analizados —financiero, sanitario y retail— se caracterizan por una alta presión regulatoria y un coste especialmente elevado asociado al tiempo de inactividad y a las brechas de datos.

A pesar de este contexto crítico, solo el 16% de las empresas ha implantado ya un programa formal de CTEM, mientras que el 84% continúa basándose en enfoques fragmentados y periódicos de gestión de riesgos y vulnerabilidades. El contraste es notable si se considera que el 87% de los responsables de seguridad reconoce la importancia estratégica del CTEM, lo que pone de manifiesto un desajuste entre la comprensión del concepto y su ejecución operativa.

Qué es CTEM y en qué se diferencia de “parchearlo todo”

Continuous Threat Exposure Management no es una herramienta concreta, sino un marco de trabajo para gestionar de forma continua la exposición a amenazas. Su objetivo es pasar de una postura reactiva —parchear vulnerabilidades según se descubren— a un ciclo iterativo basado en:

Descubrir de forma continua todos los elementos de la superficie de ataque (dominios, activos en la nube, aplicaciones web, scripts de terceros, integraciones SaaS), validar los vectores de ataque realmente explotables mediante simulación y pruebas automatizadas, y priorizar únicamente aquellas exposiciones con impacto material en el negocio.

Según Gartner, CTEM representa una evolución de la gestión tradicional de vulnerabilidades, superando los modelos basados en escaneos periódicos y proyectos puntuales de remediación. El enfoque CTEM está alineado con prácticas como la gestión de la superficie de ataque (Attack Surface Management) y las pruebas continuas de seguridad, ofreciendo resultados de seguridad sostenidos y medibles.

Por qué la conciencia sobre CTEM no se traduce en implantaciones

La principal tensión identificada en el estudio es la priorización a corto plazo frente a la transformación estructural. Muchos CISO se ven obligados a elegir entre apagar incendios inmediatos (incidentes críticos, cumplimiento urgente) y construir capacidades de gestión continua de exposición a amenazas que requieren inversión sostenida, cambios de proceso y ajustes en la arquitectura TI.

A esto se suman factores externos. El 91% de los CISO reporta un aumento de incidentes vinculados a terceros, mientras que el coste medio global de una brecha de datos se sitúa en torno a 4,44 millones de dólares según informes recientes del sector (por ejemplo, IBM “Cost of a Data Breach”). Al mismo tiempo, marcos como PCI DSS 4.0 endurecen los requisitos de monitoreo y reporting continuo, elevando la gestión de la superficie de ataque al nivel de preocupación del consejo de administración.

Complejidad de la superficie de ataque y “brecha de visibilidad”

Los datos del estudio muestran una relación directa entre la expansión del entorno digital y el riesgo de ciberataques. En organizaciones con entre 0 y 10 dominios, la proporción de ataques observados ronda el 5%. En el rango de 51 a 100 dominios, este valor se eleva hasta aproximadamente el 18%, y a partir de los 100 dominios la curva de ataques crece de forma especialmente acusada.

El factor decisivo es la brecha de visibilidad (visibility gap): la diferencia entre los activos de los que la organización es responsable (legal y operativamente) y aquellos de los que realmente tiene conocimiento y monitorización activa. Cada nuevo dominio puede arrastrar decenas de recursos asociados, scripts de terceros y dependencias, multiplicando las posibles puertas de entrada para un atacante.

A medida que este inventario crece, los controles manuales y los inventarios estáticos dejan de ser viables. Surgen activos “oscuros” sin propietario claro, sin supervisión y fuera del alcance de los escaneos periódicos. En este escenario, solo un enfoque CTEM, basado en descubrimiento y validación continuos, permite reducir de forma efectiva estas zonas ciegas antes de que sean explotadas.

Cuando los modelos tradicionales de seguridad dejan de escalar

El análisis comparativo del estudio indica que, por debajo de cierto umbral de complejidad (pocos dominios, arquitectura sencilla), los controles periódicos y la gestión manual todavía pueden sostenerse. Sin embargo, a medida que crece la superficie de ataque, estos modelos no escalan: la carga sobre los equipos de ciberseguridad aumenta más rápido que su capacidad operativa y que la evolución de las herramientas heredadas.

Las organizaciones que han adoptado CTEM muestran un grado superior de automatización, mejor cobertura de activos externos y una implementación más ágil de nuevas medidas de protección. Para entornos complejos, la cuestión deja de ser “¿necesitamos CTEM?” y pasa a ser “¿puede nuestro enfoque actual seguir el ritmo de los riesgos sin CTEM?”.

Pasos prácticos para implantar Continuous Threat Exposure Management

1. Inventario y cartografía de la superficie de ataque. Consolidar una visión unificada de dominios, recursos en la nube, aplicaciones expuestas a Internet, servicios SaaS y scripts de terceros, preferentemente mediante herramientas de External Attack Surface Management (EASM).

2. Clasificación y contextualización de negocio. Asociar cada activo con procesos críticos, tipos de datos y responsables internos. Esto permite priorizar exposiciones no solo por severidad técnica, sino por impacto real en el negocio y en el cumplimiento normativo.

3. Validación continua de riesgos. Integrar capacidades de simulación de ataques, pruebas automatizadas y análisis desde la perspectiva de un atacante externo para confirmar qué vulnerabilidades son explotables en la práctica, evitando invertir recursos en riesgos puramente teóricos.

4. Priorización y orquestación de la respuesta. Conectar CTEM con los procesos existentes de gestión de vulnerabilidades, DevSecOps y respuesta a incidentes, definiendo métricas claras (tiempo medio de exposición, reducción de la brecha de visibilidad) y cuadros de mando orientados a la alta dirección.

Ante un panorama de ciberamenazas en constante evolución, las organizaciones que apuestan por la gestión continua de exposición a amenazas y de la superficie de ataque obtienen ventajas tangibles en visibilidad, velocidad de respuesta y resiliencia. Es un momento propicio para que las empresas que aún dependen de auditorías puntuales revisen su propia “brecha de visibilidad”, definan una hoja de ruta hacia CTEM y avancen paso a paso hacia un modelo de ciberseguridad más proactivo, medible y alineado con las expectativas de reguladores, clientes y socios de negocio.

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